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por Glorika Adrowicz

I
Después del grito silencioso que se ahoga en el fluir del agua del lavabo, en mis manos crispadas engarfiando ilusiones, en el momento insólito de la mirada perpleja desde un aturdido espejo; después, el amor no acaba, pero de qué se alimentará, pobre zombi inocente.

II
Un día de luz. La vida multiplica su lujuria, la exaltación de clorofilas verdea amplitudes orgiásticas, endémicas existencias exhiben sus polimorfismos readaptados a realidades cambiantes durante vastas cronologías inconscientes.

Un día de luz. Palabras ambulantes, experimentadas en lances proxenetas superados en virtud de su afán creador, generadas y regeneradas por espíritus embelesados por cada inminencia.

Un día de luz. La vida y la palabra sin distancias; fractales que se expanden; estructuras emergentes que se diversifican en cada nodo autoproyectado.

Un día de luz.