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Guardo tanto amor que se marchita

y muere

en la palabra escrita;

o en ese perro que se me acerca

y lame

y se lleva mi pan.

Guardo tanto miedo entre mis manos

torpes

en el Sí y el abrazo,

entre mis torpes dedos de vencido edecán

en el campo del verso y la palabra.

Yo, que una vez serví a la orden del beso

y la amistad

para gobernar los vastos intermundos,

hoy soy traidor a todo lo recíproco,

y esparzo la ceniza en el papel.