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por Glorika Adrowicz

(Un túnel lleno de carteles rotos, superpuestos sin orden, que dejan ver rótulos de “Prohibido fijar carteles”. Pasa gente en manga corta; pocas personas, quizá una o dos, sudorosas, lo que indica que es verano.

En el centro del escenario se ve un mendigo, sentado sobre un plumas o similar, y ante él una caja pequeña para que le echen monedas. Nadie le da nada ni le saluda; dormita.

Aparece otro mendigo; mientras hace su aparición, se escucha el sonido del tren sobre el túnel, que oculta el resto de sonidos. Despierta al otro, casi con timidez, pero el primero reacciona con alegría, y las primeras palabras de ambos se pierden en el ruido. Cuando termina de pasar el tren, ya están sentados).

Mendigo 2 (el que llega): ¿Y qué tal vives?

Mendigo 1: Ya ves, tengo un adosado.

Mendigo 2: (Sorprendido) ¿Un adosado?

Mendigo 1: Sí; mi hado se complace en joderme y maltratarme.

(Ambos ríen)

Mendigo 2: (quejoso) Yo sí que tengo un adosado.

Mendigo 1: ¿Tan mal te va?

Mendigo 2: Hay un municipal que no logro que se me despegue; en cuanto tiendo la mano, me convierte en bígamo.

Mendigo 1: Tantos gamos y no se sacia el León.

Mendigo 2: No perdona a sus dEurrores.

(Pasa un peatón, al que tienden la caja con algunas monedas. Ni les mira. Ellos tampoco le han mirado)

Mendigo 1: Hacía tiempo que no se te veía por aquí, desde que pegaste al búlgaro (cambia de tema. El otro asiente).

Mendigo 2: Me fui al túnel de la Circular, pero allí la gente es aún más cuadriculada; había otro búlgaro que se pasaba el día gritando en su idioma, y unos músicos que desafinaban como banda de Cofradía; así que cada cuarto de hora los munícipes hacían la ronda y nos precipitaban de allí; terminé pegando al búlgaro y me marché al túnel de Pajarillos.

Mendigo 1: Te has vuelto muy vulgar, tú; y qué, ¿mejor con los pájaros que con la geometría?

Mendigo 2: Pájaros de cuenta; y no veas, en ese barrio los Geos te miden las costillas a la que te descuidas. Pero, aparte de eso, igual de mal; raro el día que sacaba para un par de cubatas.

Mendigo 1: Malos tiempos para el Larios-cola (confirma con la cabeza). Pues por aquí igual, no creas; se llegó un par de veces tu búlgaro con su escayola en el brazo, pero su sitio lo había ocupado un chaval muy loco, extranjero también, que se sacaba cincuenta euros diarios fingiendo que escribía poemas. Yo vi cómo los copiaba más de una vez pero, hoy en día, a quién le importa.

Mendigo 2: ¡Poemas! (Despreciativo). Dónde esté una buena estampa de la Virgen puta… Con perdón del Señor. Aunque, ahora en verano, menuda mierda con las vacaciones. ¡Pide un céntimo al que se queda!

Mendigo 1: Sí, ellos de vacaciones y nosotros sorbiéndonos los mocos con Paquita.

Mendigo 2: Eso son las pajas.

Mendigo 1: Lo que sea.

(Ambos asienten y se quedan callados. Pasa otro peatón, al que tienden la caja sin mirarle. Echa una moneda)

Mendigo 1: Gracias, buen hombre.

(Mira el interior de la caja, y extrae la moneda con expresión guasona)

Mendigo 1: Un andaluz (el otro le interroga con la vista). Ceceaba; me ha dado cinco céntimos.

Mendigo 2: Para café.

Mendigo 1: Barato compras.

Mendigo 2: Me refiero a un camarero con buena fe que acostumbra fiarme; mejor esto que nada.

Mendigo 1: Sobre todo si nadas sin guardar la sopa.

Mendigo 2: A veces me guarda un plato, pero no hay que abusar.

Mendigo 1: Eso es otra cosa; cuando uno abusha le da por matar moros, y tú sólo eres vulgar. Pero sí, mejor cecear al café que afear su cecina.

(Vuelven a quedar en silencio. Pasa otro tren, esta vez más rápido, y un par de peatones se cruzan y se paran a dos metros de los mendigos, saludándose como dos jóvenes que están en la segunda parte de la veintena: se dan la mano sonriendo y seguros de sí mismos. De nuevo nos hemos perdido su charla inicial).

Joven 1: (con seguridad) … Bruselas, Budapest y Cracovia.

Joven 2: (con una seguridad más desafiante) … Niu York y Manjatan.

Joven 1: (atacando) …Sudán y Túnez.

Joven 2: (dudando, a la defensiva) … Praga… Tokio y Guasinton

Joven 1: (demoledor). Zambia, Zona Cero, Zurich.

(Se despiden, el primero con una amplia sonrisa, el segundo hundido. Los dos mendigos no les han hecho caso)

Mendigo 1: ¿Qué vas a hacer ahora? , ¿dónde trabajas?

Mendigo 2: (dubitativo) Si aquí hay sitio…

Mendigo 1: El loco se marchó hace un par de días, y ayer apareció un viejo; yo aprovecharía ahora, antes de que cree hábito.

Mendigo 2: (gritando) ¡El hábito no hace al monje, aunque se lo crea!

Mendigo 1: Tampoco el hambre hace muchos santos, y éste parecía haber comido por última vez antes de la crucifixión de Escrivá.

Mendigo 2: Escrivá no fue crucificado.

Mendigo 1: Todos los beatos lo son en cuanto llegan al cielo; clavados, es la única manera de que la mayoría pueda quedarse en un sitio repleto de virtudes.

Mendigo 2: Tampoco yo seré virtuoso si el viejo trata de arrebatarme mi sitio. ¡Mi sitio!

Mendigo 1: Que sí, tío, que te oigo. Yo oigo, tú oyes, ¡Eloy, eh!

(Aparece un peatón, sonriendo y mostrando una moneda. Tiene pinta alternativa. Mientras se acerca, empieza a hacer malabarismos primero con una, luego con dos, con tres, etc. Al fin, las muestra al público, hace un poco de prestidigitación, y deja caer una de ellas en la caja).

Eloy : ¡VIVA LA DEMOCRACIA!, ¡LA DEMOGRACIA!, ¡LA DEMOGRAFÍA!, ¡LA DE MORGAN FREEMAN! ¡VIVA, VIVA, VIVA!

(Se les queda mirando, expectante)

Mendigos: (a coro) ¡VIVA, VIVA, VIVA!

Eloy: ¡Viva el hombre libre! ¡MORE GUN=FREE MAN! ¡MORE GUN = FREE MAN! (Despliega una pancarta)

(Los dos mendigos ponen cara de circunstancias)

Eloy : ¡VIVA LA REVOLUCIÓN! ¡VIVA EL IMPUESTO REVOLUCIONARIO! (se pone repentinamente agresivo, mirándoles con piedad y un odio cada vez más manifiesto) ¡PAGADME! ¡REVISIONISTAS! ¡REVISIONISTAS! ¡SÍ, SÍ, SÍ! ¡SIONISTAS! ¡OS VI Y OS VUELVO A VER! ¡VIVA EL PUEBLO PALESTINO! (les quita la caja con la monedas y echa a correr, dejando caer las monedas que ellos recogen a gatas; se separan , de modo que ahora el segundo ocupa un lugar diferente, más a la derecha).

(Pasa un tercer tren. Se demora. Se demora. Se cruzan muchos peatones en ambos sentidos, a cámara rápida; algunos les ignoran, otros les echan monedas; solitarios, parejas, grupos; niños, abuelos; mujeres, hombres; alguno se detiene de forma ocasional, pero el sonido del tren no deja oír las conversaciones; en todo caso, la acción se desarrollará a cámara rápida. Las luces laterales, que indicaban el día, se van atenuando, y se encienden las que funcionan como alumbrado público. Los peatones cada vez se esparcen más en el tiempo, hasta que no pasa ninguno. Sólo quedan los mendigos 1 y 2 en el escenario, contanto su dinero).

Mendigo 1: La niña bonita me invita a cenar, y con otra me voy a acostar. ¿Qué tal tu jornada? (Se levanta; el segundo también, mientras contesta)

Mendigo 2: ¡Veinte euros! Los he tenido que contar de cinco en cinco, tanto los tenía olvidados.

Mendigo 1: (Canta) ¡… pero si vieras, cómo son lindas estas borracheras…! (ríe).

Mendigo 2: (Canta también) ¡… hermano, bebe, que la vida es breve…!

(Cantan y ríen, cada uno por su lado, hasta que se juntan y bailan enlazados del brazo durante algunos segundos. Paulatinamente se ponen más serios, y parecen adoptar una pose casi aristocrática).

Mendigo 1: ¿Madrugáis mañana?

Mendigo 2: Me esperan tres horas de química orgánica a las ocho, en efecto, ¿y vos?

Mendigo 1: Nada como el buen vino para empezar el día; yo comenzaré con dos clases de morfosintaxis de la lengua rusa, a las siete y media, moi drug.

Mendigo 2: Pasad buena noche, pues.

Mendigo 1: Igualmente os deseo.

Mendigo 2: Con Dios, entonces.

Mendigo 1: Con Dios.

(Se van, juntos, cogidos de la mano).

FIN

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