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¿Dónde están los pisos más baratos? — Red Delicias

por D=a= Delicias Terminadas las Fiestas del Carmen, y para algunas también las vacaciones, seguimos interesándonos por este barrio en el que vivimos y en el que aspiramos a convivir en mejores condiciones incluso que las actuales. Para ello, por supuesto, lo primero es ir conociendo el barrio, sus necesidades, sus problemas, sus oportunidades, sus […]

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Rezar a Dios

Segundo Clon

Recuerdo que de niño, aunque no tan niño ya,  me gustaba el fútbol y, por eso de haber nacido aquí, me ilusionaba que ganara el pucela, el Valladolid. Iba poco a verlo al Zorrilla, el «estadio de la pulmonía» -como se lo llamaba entonces-, porque en mi casa había tan poca afición como dinero, pero las veces que me llevaban la verdad era que no lo pasaba del todo bien: gritos, insultos al árbitro, comportamientos completamente enajenados, parcialidades absurdas… Eso sí, ver a mis jugadores favoritos a escasos metros me hacía sentir como en un sueño.

En aquella época era cristiano, devoto, todos los días rezaba a Dios, le agradecía la miseria en la que vivíamos y rogaba por todos los pobres y las almas en pena antes de dormir. Sentía que estaba en comunicación con alguien especial que me hacía especial. Así que era lógico que aquel día en el partido, cuando el Valladolid iba perdiendo 0-1, rezara con ímpetu para que llegara un gol del pucela (el día anterior me había concedido ganar una carrera en el patio del cole, haciendo tropezar a mi rival más cercano); a ver, era consciente de que era una petición un tanto frívola, pero me la tomaba como una prueba de que aún seguía allí, a mi lado.

Los minutos pasaban. Los gritos e insultos en la grada encuadraban un rezo cada vez más ferviente, y los pases fallidos de mi equipo sumaban una dificultad añadida a la obra de Dios, pero así y todo, porfiaba. Creo que llegué a intentar el chantaje. Pero nada, no había manera, una tras otra las oportunidades no llegaban ni a nacer, y el pitido final, cuando el balón se encontraba en mitad del campo, fue como un golpe definitivo. El partido había acabado, habíamos perdido y mi fe, si no se tambaleaba, eso no, al menos sí se hacía la ofendida.

Y entonces ocurrió. Desde el medio del campo. Un jugador (no recuerdo quién, la verdad), cogió el balón con gesto de enfado, y colocó el balón en el fondo de la red con una exactitud espacial milimétrica y un sentido de la oportunidad absurdo.

Me quedé sin respiración. Allí estaba el milagro que había pedido: un gol del Valladolid. Pero fuera de tiempo, absurdo, insignificante, una pataleta de perdedor que para mí significó que Dios tenía sentido del humor y yo era un idiota.

Hoy ya soy mucho mayor. Estoy viendo el mundial, después de mucho tiempo sin ver fútbol, y lamentablemente conozco algunas de las miserias del mundo. Ya no rezo a Dios, soy ateo y apóstata, pero me siguen pesando los comportamientos parciales, los gritos fanáticos, las esperanzas triviales que truecan la ilusión legítima por la cerrazón egoísta, los insultos racistas, xenófobos… y sobre todo el nuevo espectáculo consistente en contemplar en directo la desgracia humana, el foco colocado a la altura del miedo, mientras nos negamos a ver cómo nuestras vidas están cimentadas sobre sufrimiento ajeno y propio.

No me gustaría volver a ser como aquel niño, que cifraba sus esperanzas en el exterior, en rezos a entidades supranaturales y todopoderosas. Hoy sé que, si existe alguna esperanza, depende exclusivamente de las personas.

Pero, francamente, y a pesar de que no cejaré en el empeño, en ocasiones me ponen difícil esta confianza en ustedes, en nosotras y nosotros.

 

 

2 años, muchos díasdealquiler

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Al parecer ya llevamos dos años y un día, y no parece que fue ayer cuando empezamos. Ha sido un camino muy largo, somos menos (ahora, prácticamente la unidad) en el que hemos asistido a diversos momentos, algunos buenos y otros bastante chungos (un recuerdo para ti, Peris). En este tiempo hemos aprendido mucho de aquellas personas a las que hemos leído, las sigamos o no (nos gustaría seguir más blogs, pero el tiempo es finito y preferimos leer a quienes seguimos, lo que ya apenas alcanzamos a conseguir de manera regular).

En todo caso, gracias a todas (plural inclusivo; lo sentimos, RAE, pero no vamos a cambiar porque tú te desdigas de tus pequeños avances condescendientes y fuera de la norma) por la lectura que nos habéis proporcionado y los momentos de disfrute. Aunque no subamos muchas entradas, seguiremos leyendo.

Y gracias, por supuesto, a quienes han mostrado su generosidad siguiendo este blog, que dos años después se mantiene a duras penas y a blandas alegrías.

Un saludo para todas.

Partido Popular: mucho que explicar, por Jomra

Presento esta entrada de Jomra, Una bitácora de Jomra, que como de costumbre analiza la situación desde su rigor y su saber hacer.

El Partido Popular ha sido considerado responsable civil en un caso de corrupción local (bueno, en muchísimos casos, agrupados). Sus líderes salen en tromba para decir cosas tipo: son hechos del pasado (evidentemente), con Rajoy todo se paró (matizable, pero luego ya entro), estamos muy afectados por esto, algo que el partido no conocía (no es lo que pone la sentencia, pero como parte, recurrirán), son casos aislados, aunque sean muchos, son aislados (afecta a la propia estructura del partido), queda claro que el Partido como tal no participó, si no hubiese sido imputado (esto es falso, ya veremos por qué), la dirección nacional desconocía todo (lo que choca con la frase de «Rajoy acabó con todo cuando llegó a la dirección») y frases del estilo. Sí, «acatan» la sentencia, la cual recurrirán, y a la cual critican duramente porque les ha dado un palo.

Un palo, sí, porque en la misma, donde testificó Mariano Rajoy, presidente del gobierno, se tacha su testimonio como poco veraz. Es cierto que uno de los votos particulares le cree, y a eso se aferran desde Génova, pero existe ya una responsabilidad patrimonial del partido.

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Mi propia desnudez

Augusto Blasborg

Hoy presento este poema que no sé cuántos años tendrá, quizá veinte, quizá alguno más -quizá alguno menos-. Lo he encontrado en un viejo cuaderno, un poco por casualidad, buscando otras cosas, y me ha hecho pensar que a pesar de tantos años y experiencias, posiblemente los temas y las ideas básicas no hayan cambiado tanto… Y me he alegrado de pensarlo. Ya solo falta la constatación de que ese pensamiento responda a la realidad. Pero eso es otra historia.

 

Mi propia desnudez

resucitó al ya muerto,

y miramos el alba

y el esfuerzo,

y el cadáver

de los sueños nocturnos.

Se desprendió de su traje de gala

cosido de esperanza,

regresando a su antigua costumbre

de caminar desnudo.

Entonces alcancé toda mi altura,

y era altura de hombre

embriagado de dudas.

Desde el empeño crudo

de ser y no cesar

me iluminó mi triste compañero,

que triste ha de ser todo optimismo

que no sea un fantasma mensajero.

Caminamos ahora recorriendo

en dirección contraria los embudos,

festejando las pequeñas sorpresas

que nos brinda, en segunda mirada,

lo que pareció absurdo.

La piel, también el cuero,

en mi fiel desnudez

transpira aliento.

Si pretendéis detener estas pisadas,

como último recurso

podéis vestir de verde la esperanza.